Fiesta del tinajón: Tributo a una ancestral Cultura

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Como otra ofrenda a su transitar por los siglos y a su trascendencia en la antigua villa principeña -actual ciudad de Camagüey- el tinajón volverá a ser el protagonista de intensas jornadas culturales, durante 5 días del presente noviembre. Se unen los empeños de todo el sistema de instituciones afines, para hacer realidad otra festividad, justamente designada como Fiesta del Tinajón, del 12 al 16.

En apretada síntesis, todas las manifestaciones creadoras y sus cultores se aprestan para brindarle al panzudo recipiente -y al hecho cultural que representa- el merecido tributo. La sencillez del elemento -dígase arcilla- que materializa a este fruto artesanal como depósito -primero de vinos y aceites- y después de agua, no niega la trascendencia de su estar cotidiano en el alma del camagüeyano común, hasta el punto de merecer la capital provincial, el apelativo de Ciudad de los tinajones. Y así es.

Mucha historia mediante ha de recorrerse para encontrar los orígenes de su presencia en la mediterránea localidad, a partir del siglo XVI, específicamente desde 1528, cuando se asentó definitivamente la trashumante comarca donde actualmente se halla.

Diversas formas para el acopio de agua potable se adoptaron de a poco. El sistema de canales en los aleros aconsejó buscar almacenajes fijos, seguros para recoger la lluvia y mantenerla fresca. Algún lugareño -cuyo nombre pasó al anonimato- encontró en los recipientes de barro, portadores desde Andalucía de vinos y aceites, la solución perfecta. La iniciativa se extendió como pólvora entre la vecindad y, paulatinamente, los patios fueron acogiendo las tinajas panzudas y de boca estrecha.

No conformes con recibirles de allende el océano, los alfareros lugareños se aprestaron para utilizar la excelente arcilla existente en parajes aledaños a la demarcación… Así fue naciendo esa historia a la cual, las presentes generaciones tributan con acierto.

El tinajón más antiguo que se conserva en la ciudad de Camagüey -según datos de estudiosos- data de 1751 y se halla en las inmediaciones de la Plaza de San Juan de Dios, Monumento Nacional. Otros -también del siglo 18- se posesionaron de patios en mansiones imponentes y en humildes viviendas, desconociendo alcurnias… sólo con el orgullo de saberse necesarios.

Así ha venido el tinajón por estas tierras a través de casi medio milenio. Así ha ido tejiendo su propia leyenda, que expresa: “Quien tome de mi agua, se queda en Camagüey.”

Canciones, poemas, obras teatrales, pinturas, eventos y ahora otro festejo dedicado a esa ilustre vasija, le tiene como protagonista: el tinajón camagüeyano es, sin dudas, un personaje tan ineludible como hermoso a la hora del recuento principeño.

Miguel Báez y su rescate del tinajón

Se alude al tinajón como elemento distintivo del legendario Camagüey… Se habla de su historia, de su introducción en el territorio, de sus loables funciones utilitarias y ornamentales. Sin embargo, pocas veces se asocia su proliferación en los rincones agramontinos y en otras partes de la Isla, gracias a la pasión de un alfarero que se llamó Miguel Báez.

Aún nonagenario, seguía empeñado en la fabricación del voluminoso contenedor en todos los tamaños concebibles: desde los diminutos hasta los de mayores dimensiones. En su tejar de San Miguelito, en la capital camagüeyana, era una leyenda viviente: y hablo en pasado porque Don Miguel desapareció ya físicamente… aunque su obra sigue vigente, hermosa y seguida por otras generaciones de alfareros.

Supo este hombre sencillo sacarle al barro sus secretos más íntimos y convertirle en objeto utilitario u ornamental, para bien de los destinatarios. No nació en tierras agramontinas, sino en la capital cubana. Pero desde 1938 se trasladó hasta acá y desde entonces hizo de la añosa ciudad camagüeyana el rincón predilecto para cobijar sus actos, desde forjar a la familia hasta hacer historia en el arte de la alfarería, esto último sin proponérselo.

Pasó por varios tejares, acompañado por la soledad que suele aparearse con quienes desde el torno y con las manos acarician la levedad del fango arcilloso. Un día -me comentó en cierta ocasión- se encontró un tinajón muy viejo y roto. Lo revisó y entonces comprendió cómo lo elaboraban. Fue un reto y construyó dos. Pero era tan costosa la empresa, que en aquel entonces se guardó el secreto y la espera para ocasión más oportuna.

Muchas leyendas andaban entonces acerca de la difícil tarea de su elaboración. No obstante, Don Miguel Báez demostró que puede hacerse con cualquier tipo de barro, no sólo con el de la Sierra de Cubitas. Incluso asegura que el mejor fango para ese menester está por la orilla del río Tínima, en la propia capital agramontina.

Fue determinante a raíz de la creación del Taller Experimental de Cerámica en esta provincia, por la década de los años 80 del pasado siglo, la pericia de este hombre, gracias al cual pudo rescatarse la confección de los tinajones, proyecto al cual renunciaron otros colegas. Era alarmante la reducción de los barrigones depósitos de arcilla en una ciudad que le tiene como símbolo, puesto que se había desistido de su elaboración desde hacía bastante tiempo. Don Miguel se encargó -después de innumerables pruebas y fracasos- de construirles y de seguir poblando con ellos los rincones de la antigua villa principeña.

Pero no sólo en el Camagüey pueden hallarse: todos los que están en el Morro de La Habana fueron confeccionados por él, al igual que otros regados por todo el mundo, incluso en el Vaticano, puesto que cuando el Papa Juan Pablo II visitó a esta ciudad, le entregaron 6 tinajones especiales, elaborados por Báez.

Casi ciego -y hasta su fallecimiento- siguió dirigiendo su tejar, puesto que él consideraba razonablemente, que los verdaderos artistas tienen que morir en su taller. Que eso está escrito. Y tenía toda la razón del mundo. Su corazón se detuvo en plena faena, tratando de consumar el soñado objetivo de construir el tinajón más grande de cuantos hubo fabricado.

Fiesta del Tinajón: Tributo y jubileo

Más allá de las áreas caracterizadas que se regarán por la extensa Avenida de la Libertad, cual remedo de aquellas añejas y famosas nacionalmente ferias en el siglo XIX y principios del XX; de los centenares de músicos, danzarines, artistas de la plástica, del teatro, escritores y creadores en general que darán vida a los programas concebidos, la Fiesta del Tinajón deberá también ser escenario excepcional para destacar a quienes -como Miguel Báez- trabajaron humildemente para enriquecer el patrimonio cultural de la medio milenaria comarca. Que no se subrayen solamente las efemérides más contemporáneas, y se obvien entregas tan generosas y bellas como las de Don Miguel, quien desinteresadamente contribuyó a que Camagüey siga siendo la Ciudad de los tinajones.

Autor: Yolanda Ferrera Sosa
Fuente: Radio Cadena Agramonte