Concierto de altos quilates

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La mirada de aquel espectador se deslizó por el mágico piano que Frank Fernández hizo hablar musicalmente en el teatro Principal , coliseo lleno completo en una tarde dominical, extendida en el tiempo y de cierre de la Fiesta del Tinajón en su tercera edición.

Frank estaba sobrio y vital, vino a Camagüey a pagar una deuda, incitado por la invitación del Caballero del Son, Presidente de Honor de este festejo cultural distinto, asentado a lo largo de la Avenida de la Libertad, desbordada cada día de citadinos y forasteros.

Fue un concierto esperado con el brillo, a su vez, de la batuta del Maestro Enrique Pérez Mesa, titular de la Sinfónica Nacional, agraciado por un elenco de concertistas llegados de Holguín, la patria chica de Frank, y unidos a los de filarmónica local, creada hace medio siglo por el insustituible Jorge Luis Betancourt.

Las páginas de este inolvidable acontecimiento cultural se abrieron con el Ave María de Franz Schubert, obra no prevista originalmente en el programa y dedicada por Frank Fernández a la memoria de dos mujeres Rosa Zayas, la madre de Adalberto Álvarez y a Altagracia, su progenitora que le iluminó el camino del éxito.

El virtuosismo del grande del piano franqueó cada puesta en escena. Encantó con esa magnífica Suite para dos pianos (uno grabado y el otro en vivo) con Bolero, Vals joropo, Conga de mediodía, Habanera, Zapateo por derecho y la Bella Cubana de José White.

Trajo para la jornada: Concierto No. 1 para piano y orquesta de Beethoven I Allegro, II Largo y III-Rondó Allegro, un estreno de lujo para los camagüeyanos que con sus prolongados aplausos alteraron el ritmo cardíaco de un hombre acostumbrado a disímiles públicos en el mundo.

¡Qué decir de las danzas de Ernesto Lecuona: Malagueña y la Comparsa o de las orquestaciones de dos temas de la telenovela Tierra Brava, el primero: Tema de amor (para violín y piano) con el acompañamiento del holguinero Pedro Zayas.

Frank Fernández traspasó los límites de las emociones cuando lo agasajaron instituciones y personalidades del mundo artístico de Camagüey y vio en el lienzo su rostro dibujado, cual similitud de una fotografía, creada por Lorenzo Linares, uno de los grandes de la plástica, de quien recordó una anécdota de sus años mozos en la extinta Unión Soviética.

La invitación de Adalberto Álvarez quedó abierta  para el retorno de Frank Fernández, a quien Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, califica de un artista de tal transparencia y fuerza mística que nos hace sentir anticipadamente que el alma se asoma a los límites del cuerpo.

Por: Enrique Atiénzar Rivero

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